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Una tarde, del mes de junio, los perros me ven
llegar y forman tremendo alboroto; luego, debido a la insistencia de tocar el
timbre, se asoma a la puerta el rostro de una persona, camina hacia la fachada y
me observa ¡Romulito! ¡Maestra Elba!, ¿cómo está?, ¿y eso?, vengo a cumplir una
deuda que tengo con usted; pasa, los perros están guardados. Luego del saludo de
rigor, comencé a recordar con mí maestra de tercer grado, aquellos días. Ella me
dice: "Antes de seguir avanzando y como te veo anotar, espérate un momento que
yo tengo mi libreta". Trae una carpeta, de donde saca una copia del título de
Maestra obtenido en el año 1955 y varias notas importantes.
La frescura de la tarde, el verdor del jardín y el silencio, por cuanto los
perros se habían calmado, se conjugan para dar rienda suelta a la conversación.
Una de las primeras cosas en las cuales estamos de acuerdo, es que el maestro
tiene que hacer valer su autoridad; "da la impresión que ahora es cuando hacen
falta maestros con carácter", dice.
Seguimos la conversación y es así como llegamos a enterarnos de que Elba
Margarita Morales de Cerrone, nació en Las Piedras de El Valle del Espíritu
Santo, un cinco de junio de 1933, justo en aquellos días del ciclón que azotó a
Margarita, me recalca; "estaba muy pequeña". Obtiene su título de Maestra en la
Escuela Pedro Arnal de Cumaná, el veinticinco de julio de 1955. Antes había
cursado sus dos primeros años de bachillerato en el Liceo Francisco Antonio
Rísquez, en La Asunción. Una vez graduada inicia sus actividades como suplente,
en la Escuela Santiago Salazar Fermín, el dieciséis de septiembre de 1955; luego
pasaría a la Escuela José Cortez de Madariaga, en Los Hatos, hoy Altagracia,
desde el 16 de enero del 56 al treinta de septiembre de 1958. Inicia sus
actividades en la Escuela Monseñor Eduardo Vásquez, en El Valle del Espíritu
Santo, el primero de octubre de 1958, de donde salió jubilada con veintisiete
años de servicios.
Madre de cuatro hijos: Lucía del Rosario, licenciada en educación; Rafael Jesús,
médico cirujano; Manuel Salvador, estudiante de psicología en Inglaterra, y Del
Valle Margarita, abogada, juez. La vida como madre y maestra ha estado marcada
por la constancia, el trabajo. Por superar muchas dificultades. Trabajando sola.
Aún jubilada no dejó de hacer, siempre hacia delante y hoy da gracias a Dios por
todas las cosas que logró.
Eran tiempos difíciles los que le tocó, "la única riqueza que se tenía era la de
la educación, cultura. Esa formación de hogar. Los estudiantes eran muy
humildes, pero con voluntad de ser alguien; respetuosos".
La Iglesia
Además de la grandeza de tener sus hijos, de haberlos educado y levantado, la
maestra Elba siente una gran satisfacción al llegar hasta el sagrario y sacar a
Jesús, poder impartir la comunión. El cuerpo de Cristo. Visitar a los enfermos,
rezarles, "es algo grande que me llena espiritualmente", la hace sentir
realizada.
Caminatas
Las ocupaciones en el hogar, regar las matas, colocarle la comida a los
animales, esa rutina, la complementa con las caminatas de lunes a viernes, a las
cuatro y treinta de la mañana, rosario en mano, con su palito, para espantar a
los perros. Ejercicios que le permiten gozar de buena salud.
La maestra Elba, como cariñosamente siempre le hemos dicho, está tranquila,
leyendo la prensa diariamente, viendo su televisión, en el hogar, asistiendo a
misa los domingos, con sus hijos profesionales. "Siento que he cumplido una
bonita labor. La de educar, la de levantar a mis hijos, que son todos los hijos
de la vida. Me siento muy orgullosa de mis ex alumnos, de lo que son hoy en día.
Me siento orgullosa de todos".
Comunidad
Como servidora de la comunidad, sigue atenta a los acontecimientos que se
desarrollan en el país. Participó en la conformación y como miembro activa de la
Asociación de Vecinos de Las Piedras de El Valle. Desea que el pueblo sea
atendido y mejorado. Le preocupa el abandono, teniéndose aquí un gran tesoro.
Los pájaros no han cesado de cantar, la tarde está a punto de concluir, y este
ex alumno de la maestra Elba se siente complacido de la cátedra dictada por su
gran orientadora.
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