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El Valle del Espíritu Santo es la capital del municipio Almirante García.
Aquí tiene su sede el palacio municipal. Una comunidad de gran resonancia, por
cuanto es además, la cuna de la Virgen del Valle y del general en jefe Santiago
Mariño. En el pasado se le conoció como El Valle de Guachamaramay, así lo
llamaron los primeros indígenas que poblaron la isla. Ha recibido la
denominación de El Valle de la Margarita y El Valle de la Virgen. Todos esos
nombres con una razón de ser, con una raíz en nuestro pasado, costumbres y
tradiciones.
Hoy lo observamos al igual como lo conocimos, con mucho verdor, rodeado de
hermosos cerros, con una montaña imponente y con variados vegetales, que pese a
los cambios climáticos, al desarrollo, aún lo mantienen fresco. El Valle, lugar
bonito, territorio de fe, con su patrona, la Virgen Madre bajo la advocación de
Nuestra Señora del Valle, que es toda adoración en muchos rincones de
Venezuela. La plaza Mariño, que honra a uno de los hombres grandes de nuestra
historia, el museo que lleva su nombre, en el área aledaña, al boulevard que
también lo conecta al Museo Diocesano, donde se guardan los vestidos, joyas y
ofrendas de la Virgencita. Además una gran cantidad de atractivos naturales y
culturales que lo convierten en una de las comunidades más importante del estado.
El Valle que tiene como patrono a El Espíritu Santo, de allí su nombre, cuenta
hoy con clínica, universidad, centros educativos, nuevas vías y muchas
urbanizaciones. Innumerables las familias que han vuelto su mirada, para
seleccionar una parcela, construir o comprar una casa, un apartamento para
vivir, descansar y compartir en esta comunidad. La cercanía con Porlamar, polo
comercial de la isla, y la fácil conexión con las comunidades aledañas, lo han
convertido en el lugar ideal para la inversión.
El Valle del Espíritu Santo, famoso por sus mangos, por su Virgen, por sus
fiestas, clubes y lugares campestres, por el deporte y la recreación; sigue
siendo esa comunidad que todo el que llega a la isla quiere visitar,
encontrándose además, con el calor que brinda nuestra gente, en una rica
empanada, en un sabroso dulce y en esa atención que los invita a volver. (R.C)

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